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difundiendo el mensaje

Bienvenidos a Cuba: El Camino a la Felicidad

El Camino a la Felicidad en Cuba

Un templo de bulliciosos hombres elevando el tono usando palabras españolas con sonidos guturales. Luego, de repente, el estrépito se reduce a un gemido, y pronto, un silencio absoluto da la bienvenida a los pequeños folletos cuando aparecen: libritos con un colorido tenue entre la profundidad política orgullosa y sonora de esta montaraz logia masónica.

De repente, gritos de aliento rompen la frecuencia donde el enojo había prosperado. Un viejo sistema de megafonía emite música popular cubana a todo volumen, y todos se dan las manos, bailando en círculo.

Así es como se le dio la bienvenida a El Camino a la Felicidad en Cuba, cuando el embargo se levantó y los primeros vuelos de los “americanos” aterrizaron en la histórica isla. En las aduanas, cientos de libritos en español, llenando los equipajes de mano, y las mochilas, fueron notados, aprehendidos, examinados atentamente y autorizados para pasar con una sonrisa, en la que se ha descrito como una de las culturas más opresivas del mundo.

En la calle del mercado diario en la Habana, los vendedores y sus clientes, por igual, se detenían y empezaban a leer inmediatamente los simples preceptos elaborados por L. Ronald Hubbard. Cerca de las montañas del Este, los obreros del famoso País del Tabaco de Cuba dejaron de recoger hojas de tabaco y corrieron hacia la valla a unirse a sus compadres que habían corrido desde los graneros de secado para conseguir los libritos, muchos de ellos pidiendo dos o tres para llevárselos a casa. Carretera abajo, estudiantes de rostro brillante y cabellos oscuros escuchaban atentamente a su profesor leyendo “Ama y Ayuda a los Niños” y “No Dañes a una Persona de Buena Voluntad”, dos de los 21 preceptos contenidos en El Camino a la Felicidad.

En todas partes ha sido lo mismo: difundir la noticia. Y una felicidad singular se puede percibir, revoloteando en el aire otra vez sobre la isla como los gloriosos framboyanes que proyectan su paradisíaca sombra sobre las chozas de madera.